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Tomar vino tiene dos beneficios inesperados para la salud

De acuerdo a un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Obesity Science & Practice, tomar cerveza y licores está relacionado con niveles elevados de grasa visceral, el tipo de grasa dañina que se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, síndrome metabólico y otras complicaciones de salud. Sin embargo, no es el caso del vino que, incluso, puede ser protector frente a ella; dependiendo del tipo de vino consumido.

El trabajo incluyó a más de 1800 adultos de entre 40 y 79 años que informaron factores demográficos, de alcohol, dietéticos y de estilo de vida a través de un cuestionario. A su vez, se recolectaron datos de altura, peso y sangre de cada participante y se obtuvo información sobre la composición corporal. Finalmente, se usó un programa estadístico para examinar las relaciones entre los tipos de bebidas alcohólicas y la composición corporal.

El equipo de investigación que llevó adelante esto encontró que tomar vino tinto está relacionado con niveles más bajos de grasa visceral, esa que se localiza en la zona del abdomen y la primera que se elimina con el ejercicio.

El vino blanco, por su parte, aunque no influyó en los niveles de grasa visceral, el estudio mostró que su consumo moderado podría ofrecer su propio beneficio para la salud de los adultos mayores: huesos más densos. «Encontramos una mayor densidad mineral ósea entre los adultos mayores que bebían vino blanco con moderación, y no encontramos este mismo vínculo entre el consumo de cerveza o vino tinto y la densidad mineral ósea», expresaron los autores.

¿Por qué importa? El envejecimiento suele ir acompañado de un aumento de este tipo de grasa, que puede conducir a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, de ciertos tipos de cáncer y también de mayor riesgo de muerte —además de los costos de atención médica asociados con el tratamiento de estas enfermedades—.

 
«Teniendo en cuenta estas tendencias, es vital que examinemos todos los posibles contribuyentes al aumento de peso para que podamos determinar cómo combatir el problema», enfatiza Brittany Larsen, autora e investigadora de la Universidad Estatal de Iowa.

«Durante mucho tiempo se ha considerado al alcohol como un posible factor impulsor de la epidemia de obesidad. Sin embargo, el público con frecuencia escucha información contradictoria sobre los posibles riesgos y beneficios del alcohol. Por lo tanto, esperábamos ayudar a desenredar algunos de estos factores a través de nuestra investigación». 

Una de las razones para explicar esta información contradictoria, sospecha Larsen, tiene que ver con el hecho de que gran parte de la investigación tradicionalmente trató el alcohol como una sola entidad en lugar de medir por separado los efectos de la cerveza, la sidra, el vino tinto, el vino blanco, el champán y otras bebidas espirituosas. Por eso, el equipo espera en adelanta desentrañar aún más los riesgos y beneficios asociados con cada tipo de alcohol; así como también examinar la influencia de la dieta y el consumo de alcohol en las enfermedades del cerebro y la cognición en adultos mayores. 

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